viernes, 22 de julio de 2011

Alcanzó a reconocerla en el tumulto a través de las lágrimas del dolor irrepetible de morirse sin ella, y la miró por última vez para siempre jamás con los ojos más luminosos, más tristes y más agradecidos que ella no le vió nunca en medio siglo de vida en común, y alcanzó a decirle con el último aliento:
- Sólo Dios sabe cuánto te quise.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario